Cómo elegimos un juego de mesa

     






   Los juegos de mesa siempre han servido para unir personas, ya sean partidas cortas o largas, necesitamos interactuar con las personas que tenemos en la mesa, a la vez que desarrollamos inteligencias y trabajamos valores. 

Supongamos que vamos a jugar y hemos decidido seguir las reglas. Pues esto requiere, por un lado, de una comprensión para entender de qué va el juego, y por otro, de una responsabilidad para llevarlo a cabo según las reglas que nos recomiendan. Pero ¿y si no nos gustan? pues, ¡las cambiamos! y esto requiere de creatividad. 
Quizás nuestro motivo para cambiarlas es que alguna persona del grupo todavía no esta preparada para jugar de esa manera o simplemente queremos hacerlo de una forma diferente y entonces generamos un consenso y listo. En estos casos tenemos que hablar y escuchar y a veces no es tan fácil como parece, pero en eso consiste el aprendizaje. 

Luego, con los juegos podemos trabajar la lógica, la observación, la rapidez mental, aprender a contar... Según que juego fomentará una cosa u otra. Llevamos muchos años jugando y siempre nos sorprendemos de lo que podemos aprender y como actuamos cuando jugamos. Nos divertimos, es un rato para disfrutar del momento que estamos compartiendo con el resto.

Pero, ¿qué debemos tener en cuenta para elegir un juego que no es para nosotros/as?

Decidirnos por un juego de mesa que sea un éxito, puede dar ciertas garantías en diversión y entretenimiento pero no supone que le tenga que gustar al niño o a la niña al que va dirigido.

Por ese motivo, lo más importante es hacerte las preguntas, imaginándote al niño o a la niña:  ¿a quién va dirigido?, ¿qué quieres fomentar?,¿a qué le has visto jugar?,¿cómo juega?...estas preguntas se las hacemos a casi todas las personas que vienen a nuestra juguetería didáctica pidiendo asesoramiento. Se suelen crear situaciones curiosas porque el/la cliente/a comienza a describirlo/a y enseguida ya tiene una idea más o menos de que tipo de juego de mesa quiere. Y ya sólo es decidir entre: la edad madurativa que necesita el juego, la temática, qué aprendizaje queremos que desarrolle o trabaje según sea el niño o la niña o necesidades que tenga.

Hay muchas temáticas y debemos tener cierta responsabilidad a la hora de escoger porque en esa elección también irá los valores que queramos transmitir. 

La edad recomendada también es importante, lo fácil es seguir las indicaciones que pone el juego, hay que tener en cuenta que detrás hay un equipo especializado que valora con que edad se podría jugar y por lo general suelen acertar. Aún así debemos pensar un poco en el niño o la niña que queremos regalar aunque no tenga la edad que indica ¿podría entenderlo como para que juegue?

Que aprendizaje queremos que desarrolle o que trabaje. Esta decisión va mucho en nuestros deseos. Podemos elegir un juego que sabemos que le gustará porque lo domina, es decir, si el niño o la niña tiene un razonamiento lógico muy desarrollado sabemos que los juegos de lógica le encantarán y ya tendríamos nuestra elección.
Pero también puede ser que lo que deseemos es que el niño o la niña refuerce o aprenda una habilidad que le cueste más o que le falte por aprender, por ejemplo si aún no conoce los números un juego que ayude a aprenderlos. 

Parece difícil, pero el truco esta en imaginarnos al niño o a la niña y respondernos las preguntas anteriores y acertaremos. Las decisiones que tomamos según nuestros deseos serán la sorpresa si gusta o no. Pero sobre todo si lo hemos elegido con corazón y le expresamos  al niño o a la niña lo divertido que es y cómo puede jugar, seguro que le gustará porque lo que más desean es que juguemos con ellos.





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